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Salir, Salir: Viernes 19 de Diciembre 2003 JAVIVI Javier Gil Valle es el nombre de este sociólogo amante del senderismo y de la música funk que hoy no es funcionario de nada, acaso de esta cosa profana de la farándula, desde que, allá por 1994, en una fiesta de gente de la tele a la que llegó por casualidad, se le acercara el por entonces jefe de guionistas Curro Summers, quien dijo las palabras mágicas que cambiarían su vida: “Tienes cara de actor”. Javivi, sociólogo en paro, descubre su verdadera vocación como gancho de uno de los programas más famosos de los canales autonómicos, Inocente Inocente. Dos años codeándose con Juan y Medio para gastar bromas al famoseo. Las primeras víctimas se entiende que picaran, pero el resto debían de ser ciegos para no reconocer la cara de Javivi, inolvidable por pícara y singular; y cuando habla, entonces ya es la risa, porque es difícil dejar a un lado la tremenda vis cómica de su tartamudeo que lejos de perjudicar su trayectoria le otorga aún mayor personalidad. La primera vez que subió a un escenario fue en Qué te importa que te ame, de Juan Cavestany, Andrés Lima y Alberto San Juan, incluido así en el pack de actores de Animalario, una de las compañías que mejor sabe combinar el cachondeo nocturno con la profesionalidad artística. En una escena bien dramática, Javivi reflexionaba en una sauna sobre la vida y sus avatares. Su presencia escénica, contenida en tics, dotaba a su actuación de una carga muy fuerte de sentimientos, que convertía la escena en una de las mejores de toda la función. Increíble que en su primer personaje teatral se plasmara toda la naturalidad, conocimiento del ritmo y control de las pausas y el silencio necesario para dejar al público expectante. Después vendrían Borges Cabaret, El fin de los sueños y Atraco a las tres. “El teatro es un espacio de riesgo, que te autoseduce, un verdadero tributo al arte. Ya que haces teatro hay que arriesgar y dejar los temas más comerciales para el cine y la televisión. El prestigio que te da el teatro es diferente y la mejor recompensa que puedes tener es el público que paga una entrada para ver tu trabajo, no ése que te ríe las gracias porque le suena que sales en la tele pero no sabe ni quién eres”. Tras las gamberradas televisivas, trabajó con Ana Rosa Quintana en Veredicto y luego desfiló por otras series de ficción como Éste es mi barrio, Arévalo y Cia, y Tío Willy, hasta llegar al título que es, junto a Cuéntame, la serie de mayor audiencia de La Primera de Televisión Española. Una no sale de su asombro: ahí está Ana Obregón cual Blancanieves, a punto de arrancar la tercera temporada de Ana y los siete. Y ahí está Javivi de mayordomo de pijos, uniformado como Néstor el de Tintín, pero sin más Milú que los jerséis de angora de la protagonista. “Respeto mucho este trabajo con el que estoy comprometido cien por cien. Me ha dado la oportunidad de confiarme como actor de comedia en televisión, mientras sigo picoteando en el cine”. Más de una docena de films a sus espaldas: desde un primer título inefable, Los Porretas de Carlos Suárez, hasta otros de lo más variado como El grito en el cielo de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, Los lobos de Washington de Mariano Barroso, La mujer más fea del mundo y Noche de reyes, ambas de Miguel Bardem. O su última colaboración: le veremos en la última película de José Luis Garci, Tiovivo C. 1950. “Soy un secundario principal. De no ser por el costumbrismo del casting que hay en este país, muchos secundarios de nuestra cartelera podríamos pasar a primer término. Con el monólogo que ahora estreno busco un poco el protagonismo que no tengo en otros medios, pero es el azar que te toca vivir, y lo importante es trabajar y crearte un público”. Javivi habla solo es un monólogo escrito a medida por Juan Cavestany y él mismo, bajo la dirección de Andrés Lima, compañeros de profesión y pillaje. “Una vida tragicómica”, insiste Javivi, “la mezcla de drama y clown me parece genial. Yo bebo de la comedia dramática francesa y el neorrealismo italiano. En Javivi habla solo he puesto toda mi fe, porque en cine y televisión ya he visto lo que doy de sí, pero en teatro quiero probar fortuna en solitario. He pegado un giro a mi vida. Este año me he acercado a temas más espirituales ventilando zonas oscuras. He cerrado el libro del pasado y lo he tirado a la hoguera, con una sonrisa, sin rencor y sin culpa”. Javivi revival. (Javivi habla solo en la sala Ítaca) |
MIS RINCONES FAVORITOS: JAVIVIUn restaurante: Caripén (Plaza de la Marina Española, 4; 91 541 11 77). Daniel, su dueño, es francés. Y, a mí, que me crié en París, me encantan sus ensaladas, porque las prepara como en Francia. Además, cierra tarde y es difícil encontrar sitios en Madrid donde los noctámbulos puedan cenar a la una de la madrugada. Un bar de copas: Shabay (Miguel Ángel, 3; 91 319 76 92). Hace tiempo que me he retirado de las copas, pero este sitio me gusta por su decoración hindú y por su música dance-funk. Un bar de tapas: El tempranillo (Cava Baja, 38; 91 364 15 32). Son amigos míos, puedo hacer lo que quiero y me invitan a menudo. Tienen una bodega apabullante y un pisto muy bueno. Una sala de cine: Ideal Yelmo Cineplex (Doctor Cortezo, 6; 902 220 922). Vivo al lado y hay muy buen ambiente. Su selección de películas, españolas y extranjeras, es muy buena, mezcla de cine comercial y alternativo. Un café: Nebraska (Bravo Murillo, 109 y otras direcciones; 91 533 58 21). Es un sitio a la vieja usanza, clásico, donde me dan muy buen trato. Tomar algo allí me devuelve a otro tiempo. Un lugar donde comprar: No tengo ningún sitio en concreto. Un museo: Arqueológico (Serrano 13; 91 577 79 12). Fui con el instituto y me recordó a París. Es un edificio vetusto, que huele a museo. Me gustaría que lo iluminaran por la noche, porque es precioso. Un monumento: El ángel caído (Parque del Retiro). Frente a los monumentos actuales de nuevo cuño, éste me parece genial, por su parte de religiosidad y de esperpento. Una calle para pasear: Claudio Coello. Hay tan pocas… Últimamente, estoy descubriendo la zona de O’Donnell. Y también me gustan las calles de Claudio Coello y Jorge Juan, porque me recuerdan a las de París. Un rincón para perderse: Barrio de la Florida. Cerca del manzanares. Te vas por ese sitio, te sientas en un banco y no te encuentra ni Dios. Allí estás completamente solo. Un lugar para enamorarse: Parque del Retiro. Es un parque con una magia especial, está en el centro y supone un verdadero placer cruzarlo de lado a lado, sobre todo cuando te apetece hacer una caminata larga.
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